La filosofía de la Academia
Ésta Academia expresa una diversa manera de compartir el
tiempo libre por jente que ama caminar juntos. Caminar es bello y sienta bien a
la mente y al cuerpo: es difícil explicarlo, hay que experimentarlo.
Caminar es una experiencia
cognoscitiva muy particular, al alcance de todos, educa a pensar y hace emerger
otra manera de pensarse a sì mismos haciendo la cosa màs natural de todas.
Cuando los peregrinos
caminan juntos, casi siempre el domingo, son allegros, libres y despreocupados.
Y no lo hacen de prisa, sino con la lentitud que necesita para observar y
meditar, optando por pararse cuando lo quieran, y siempre con ànimo jocoso.
Pues caminar es una
acción lenta, favorece la meditación y es un antídoto contra
el estrés y la tensión de la cotidianidad, porqué libera de la esclavitud de la
tecnología y permite de actuar en un modo totalmente autónomo. También hace
reconsiderar las posibilidades de nuestro cuerpo y la fatiga, así que todos
aprecian las distancias alcanzadas paso a paso.
En el pasado las faenas
eran muy cansadoras y la dificultad de la vida no dejava tiempo a inútiles
sofismas psicológicos. Hoy en día, la reducción progresiva de las tareas
manuales y el aumento de trabajos que requieren creatividad y responsabilidad,
nos llevó una cansancio mental que no nos deja nunca, tampoco en el tiempo
libre, y no nos permite pensar a nosostros mismos.
Recomenzar a caminar y
hacer excursiones es una buena medicina.
Fué el peregrino Fabio,
lo que hoy llaman Gran Maestre de bordón,
el que fundó ésta Academia, junto con el peregrino Francesco De Vecchi. Fueron
ellos los primeros que se condecoraron jocosamente con el título de “Homo Peregrinus” y que imprimieron dos
diplomas después de la gira Magenta-Morimondo, ida y vuelta.
Era el 1 de octubre de
2000. Después seis años la Academia cuenta casi cuatrocientos peregrinos
diplomados, que participan a todas las iniciativas y a todas las excursiones de
la Academia. Además, inspirandose en la antigua simbología del Camino de
Santiago, la Academia entregó a cada peregrino su propria credencial, útil
también para los caminos de nuestra casa.